Se abre el telón y aparece Springsteen, se cierra el telón. Mi película se llama gratitud. Ser fiel a una forma de hacer música, que en cualquier momento puede cambiar según las necesidades personales, faltaría más. Bienvenido pues ese folk de día de boda que te traes entre manos con tu recién formada seeger sessions band.por Antonio Soler
La confianza se alcanza en ese punto en que eres consciente de que el otro puede fallar tanto como puedes fallar tú. Nada hubiera pasado, no deja de ser valiente el enfrascarse en un proyecto anacrónico, estaba preparado para que no fuera lo mismo que otras veces.
Nada que ver, como fiel mosquetero en la edad tardía, consciente de sus limitaciones y virtudes, fiel a los valores que le hicieron mantener la fe. La presencia volvió a ser importante, sencillamente necesaria, de un modo en que no cabía en aquel instante estar en otro sitio que no fuera ese, en el que estábamos veintiocho mil personas abrazándonos las voces.
Poco tardé en cobrar consciencia de mi situación, de pie, con los brazos extendidos, las palmas de las manos mirando al rosado cielo granate que se cernía sobre mi estadio, y la voz deshilvanando en un grito suave todos aquellos designios que por honestos fallaron.
Una y otra vez levantarse. La vida es creer, la vida es luchar, la vida es amar. Y tú con nuevas canciones y acompañantes constatando que bien poco importa el idioma cuando se habla de lo esencial. Palabras, notas, melodías, una fuerza que arrastraba a todos los allí presentes, daba igual entender mejor o peor las letras, estar contigo por primera vez o haber escapado a Francia con quince años para verte. Todos entendieron tu lenguaje.
Y todos estuvieron contigo, y tú con ellos, y así fue que la maraña fue juntando deseos y nostalgias hasta formar un canto demoledor, similar a ese que escapa de mis labios al brindar: por la vida. En ese punto el deseo de ese latido de caótica perfección era un ansia de eternidad, así se respiró aquella noche.
Estuviste en el momento oportuno en el lugar oportuno, el resto de detalles no dejan de ser anecdóticos, tu guiño al interpretar Growin´ up para los de la vieja escuela, la inquietante y lacrimógena versión de The river, y la rabia redentora de My city in ruins. Sé que no soy el único que puede decir que en esos momentos no estabas contando tu historia, estabas contando la nuestra.
Al final, o mejor dicho en su incesante continuidad, la vida pasa y nada puede formatear la asociación entre un momento, un sentimiento, una inquietud, y ciertos acordes siderúrgicos, ciertos versos garabateados en una carpeta, ciertas cintas que se quedaron a vivir en el walkman.
La inercia nos exige la constancia en aquello que nos llama a ser reales, hay sitios dibujados en cartas que no sabrán llegar, pero se escriben. Con la suerte solo cuenta quien la busca, y en el punto en que se beben las certezas resulta algo más que necesario tener la mano de la esperanza abierta.
Con lo visto, lo soñado, y lo olvidado, se entiende la descarga que tuvimos. No deja de ser un concierto más, al día siguiente tenías Granada y yo en breve creo tener a Drexler, fue precioso el reencontrarnos, precioso que vinieras a nuestra casa, precioso estar contigo con quienes conmigo estaban.
Cuando alguien dice “para siempre”, no espera que venga nadie a hablarle de las posibles trabas objetivas que tal afirmación puede llevar implícitas, con esa misma certeza me despido, nos volveremos a ver.
