“No, no sonrías, bastante falsa es la peluca”
Los abrazos rotos es la desgarrada historia de amor que Mateo, un escritor y director que se mueve en la oscuridad de su propia ceguera, le cuenta a Diego, el hijo de Judit (su directora de producción y mejor amiga), mientras se hace cargo del chico, que acaba de tener un pequeño accidente.
por Nas
Una historia sucedida hace 14 años que marcó su vida, ya que sufrió un duro revés que le arrancó de los brazos a su amada y le dejó ciego. Mientras le cuenta la historia al joven, que hace las veces de secretario, amigo y lazarillo, cae en la cuenta de que, aunque se autoimpuso el olvido y se cambió el nombre por el seudónimo de Harry Caine, el pasado llama con los nudillos a su puerta para recordarle que hay lagunas: fotos en cajones, deseos cercenados y secretos que todavía pueden arrojar algo de luz a lo que le sucedió años atrás y que, tal vez, aún está a tiempo de quedarse en paz consigo mismo y acabar la película que comenzó.
Almodóvar es de complicada digestión en muchas ocasiones. Con todo, suele gustarme porque muchas veces me emociona, me llegan sus historias y hasta alcanzo a comprenderlas aunque se esfuerce en rizar el rizo del concepto de culebrón, generar situaciones inverosímiles o enmarañarlo todo hasta elevarlo a la máxima categoría romántica. Sus comedias son eficaces casi siempre. Sus dramas, muchas veces. En ‘Los abrazos rotos’ nos propone un combinado de ambos que, pese a no funcionar del todo mal, se hace algo lento. No es problema de los actores, ni de los diálogos, que están cargados de la profundidad que merece una historia tan dura como la que cuenta y que, además, contienen también frases divertidas que se quedan en la memoria, tales como “tú no eres un hombre de tu edad” o “demasiado guapa para ser graciosa”, entre otras. ¿Qué es lo que falla? Pues puede que Pedro Almodóvar haya pecado de una pretenciosidad que le viene grande a, en definitiva, una obra menor en su filmografía. Le escuché decir que “la cinta tiene mayor gravedad porque pasa el tiempo y se hace mayor”. Eso está muy bien. ‘Carne trémula’, de 1997, también era un drama de toma pan y moja y, por lo menos, era más creíble que ésta. Salvo por Liberto Rabal, que se encargó de condenar la película al olvido con una actuación lamentable.
Homar y Cruz (como Mc Gregor y Kidman en ‘Moulin Rouge’) se aman en secreto mientras el novio de ésta, al que ella no quiere, se encarga de producir la película en un desesperado intento de no perderla. Es la historia de dos enamorados que, no sé bien por qué, no se acaba de creer del todo. Y eso que Penélope firma una actuación sin mácula y Homar es una garantía de calidad. Mientras, a lo largo de la película van pululando otros actores que sirven de complemento, como Blanca Portillo, que sí, que está muy bien, pero que está un poco excesiva, como si se hubiese desayunado a la Marisa Paredes de ‘La flor de mi secreto’. De todos modos, los actores no dan el cante especialmente, ni a la película pueden atribuírsele errores concretos,.a la historia tampoco puede pedírsele que sea creíble, ya que se trata de Almodóvar, así que, como siempre, se trata de que entres en su juego o no. No hay más.
No acaba de entusiasmar salvo en algunas escenas cargadas de belleza como la imposición de manos de Mateo sobre la pantalla de plasma recordando el último beso o alguna que otra que destacaré más adelante. La idea del director de cine ciego me recordó un poco a la brillante ‘Un final made in Hollywood’, de Woody Allen, aunque aquí la cosa fluye por otro lado y, salvo por algún chiste forzado, no hay comedia en ese aspecto. Para aquellos que buscaban echarse también unas risas, tranquilos, podrán hacerlo con la lectura de labios y con el autohomenaje de Almodóvar en ‘Chicas y maletas’, esa joya prima hermana de ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ que es la película dentro de la película.
LO MEJOR: Penélope Cruz, la lectura de labios, los cameos, ‘Chicas y Maletas’ y, sobre todo, la preciosa secuencia de cinematográfico juego de espejos velazqueño en el que ella le dice al novio que ya no le quiere, que le deja y se va con Homar en un doblaje a sí misma verdaderamente genial.
LO PEOR: Que los árboles no dejan ver el bosque; que el maquillaje impida ver el rostro; que, en definitiva, sea una película bien hecha en la que no acaba de entrarse del todo porque se hace lenta y poco creíble. Que “bastante falsa es la peluca...”, vaya. Esa sensación de que si no fuera de quien es...pues eso.
