Scorsese propone un mundo que pone la piel de gallina
por Paula Herráez
El trayecto con el que se abre la película, movido y en medio de la niebla, hacia ese lugar poco recomendable, parece anticipar el horror que se avecina. Una isla de difícil acceso será el destino del ferry en el que viajan los dos agentes federales. Desde que aparece la isla en la pantalla por primera vez, reina un sentimiento desasosegante, percibes que una vez estés dentro, va a ser muy complicado salir de allí. Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) tienen que investigar un misterioso caso en el hospital psiquiátrico de Ashecliffe, un centro penitenciario para enfermos mentales muy peligrosos que se encuentra en una pequeña isla situada en la bahía de Boston. Esta está solamente habitada por los trabajadores del psiquiátrico y por los perturbados mentales que ocupan sus celdas.
El motivo por el que viajan a la isla los dos agentes es hallar la verdad sobre la extraña desaparición de Rachel Solando, una peligrosa asesina que se ha escapado de una habitación con barrotes en mitad de la noche. Pero este caso no es mas que la punta del iceberg, pues una vez consiguen acceder al centro se van dando cuenta de que se encuentran en un terreno pantanoso, en el que parece que las prácticas que se llevan a cabo con los enfermos no son muy éticas. El comportamiento del grupo de sanitarios poco deseables, encabezados por John Cawley (Ben Kingsley), no hacen más que confirmar las desagradables sospechas que se van sembrando según pasan las horas en el manicomio. El espectador, sin duda, llegará a sentir angustia, e incluso claustrofobia, cuando se empiece a dar cuenta de la gravedad de lo que pasa y las circunstancias parezcan indicar que Teddy y Chuck no van a poder salir de la isla.
El contexto en el que se desarrolla el argumento es la Guerra Fría, verano de 1954. Teddy Daniels es un excombatiente estadounidense muy marcado por el horror de la II Guerra Mundial. El protagonista, además, ha vivido un dolor muy profundo en el seno familiar, la muerte de su ser más querido. Ambas experiencias parecen no abandonarle a lo largo del film materializándose en pesadillas que le persiguen por toda la isla. Su personal misión es hacer justicia y destapar lo que pasa en Shutter Island y, así, redimirse, de alguna forma, de su anterior comportamiento. Pero, para sorpresa de todos, nada será lo que parece ser es este abrupto lugar. Conforme el film va avanzando, las sorpresas van en aumento, al igual que la tensión y la incertidumbre.
Las actuaciones son muy buenas. El ambiente cargado de intriga, muy al estilo de la Isla del doctor Moreau, esta muy bien conseguido. Shutter Island es un film psicológico, enredado y perfecto para aquellos que siempre busquen en la vida tres pies al gato. No te dejará indiferente.
